jueves, 14 de febrero de 2019

La importancia de poner la mirada solo en Jesucristo

La vida cristiana, en varias ocasiones es comparada en las Escrituras con una carrera de atletismo, donde naturalmente hay un lugar de partida y un lugar de llegada conocido comúnmente como la meta.

En esta hermosa carrera, tú y yo somos los corredores de la gloriosa carrera de la fe.

El Apóstol Pablo le dijo al joven Timoteo que el que lucha como atleta no es coronado sino lucha legítimamente y en 1 Corintios cap.  9 versículo 24 dice: ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis.

Cualquier persona que corra la gloriosa carrera de la fe, debe saber que debe hacerlo con todo su corazón, debe hacerlo con todo el ánimo posible, debe hacerlo convencido que va a ganar, debe esforzarse en la carrera y debe correr siempre apegado a las normas celestiales.

Hebreos cap. 12 versículo 1 y 2 les da algunas indicaciones a todos aquellos que corremos esta gloriosa carrera y que debemos tenerlas en cuenta si es que queremos llegar a la meta, el texto dice: Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.

En esta gloriosa carrera de la fe, debemos saber que nos rodean una gran multitud de testigos, hombres y mujeres que corrieron, que fueron valientes y no desmayaron hasta llegar como lo describe el cap. 11 de la carta a los Hebreos.

El texto que leímos nos enseña 4 cosas importantes que como corredores debemos saber.

Lo primero, es que debemos despojarnos de todo peso.

La idea original del texto, apunta a que debemos despojarnos de toda vestimenta inadecuada, ya que nos sumará peso a la hora de correr; por el contrario, debemos estar ligeros y livianos.

Cuántas personas en esta carrera de la fe, se acostumbran a vivir llenos de rencor, envidias, enojos; cuantos nos acostumbramos a cargar cosas innecesarias que terminarán convirtiéndose en cargas pesadas que nos impiden vivir una vida cristiana llena de libertad y de gozo en el corazón.

Lo segundo que nos enseña el texto, es que debemos despojarnos de todo pecado que nos asedia.
Debemos huir de las muchas tentaciones que nos asedian para estimular nuestra inclinación a pecar; cada momento en el que se presenta una tentación, esta se convierte en un reductor de velocidad durante nuestra gloriosa carrera de la fe.

Lo tercero que nos enseña el texto, es que debemos correr con paciencia la carrera que tenemos por delante.

No se trata de correr por correr, no se trata de correr sin tener un objetivo claro, debemos correr pacientemente, debemos correr de tal manera que cada día aumente nuestra fe, debemos correr atendiendo la voz de Dios, debemos correr ejercitándonos de tal manera que nuestros sentidos se afinen para el discernimiento del bien y del mal.
Debemos correr pacientemente, esperando el cumplimiento de cada promesa de Dios. Debemos correr sin afanes, evitando el cansancio y el agotamiento en medio de la carrera. Debemos correr día tras día, no importa a qué ritmo lo hagas, lo importante es que te mantengas corriendo día tras día en esta preciosa carrera de la fe.

Y por último y lo más importante, debemos correr puestos los ojos sólo en Jesús.

Poner la mirada sólo en Jesucristo, es una de las cosas que como creyentes se nos dificulta a todos.


Nos pasa que nos acostumbramos a fijarnos en cosas demasiado simples de la vida que tienden a desanimarnos, nos pasa a todos que nos fijamos más en lo que piensan, dicen y hacen las demás personas, ya sean nuestros familiares, amigos hermanos y líderes de las congregaciones.

Comenzamos a mirar hacia el mundo lleno de placeres y entretenimiento, y apartamos la mirada del Señor nuestro único Salvador y nuestro ejemplo más sublime de perfección y amor. Por esta razón es que tropezamos tanto y por esta razón es que se apodera de nosotros el desánimo y perdemos el deseo de seguir avanzando.

Cuántos de nosotros nos desanimamos al ver el mal testimonio de muchos creyentes, muchos nos desanimamos al escuchar de las conductas de los líderes cristianos en la actualidad, pero si quitamos la mirada de todo lo que nos rodea y la ponemos solamente en el Señor Jesucristo, descubrirás un gran poder para seguir avanzando en esta carrera, descubrirás que no es razón para detenerse o retroceder ya que podrás ver al Señor invitándote a seguir.

Si corres esta carrera mirando solamente al Señor sabiendo que el punto de llegada está donde está Él, nada te detendrá, es imposible que te detengas y que retrocedas, verás que nada de lo que sucede y que te rodea serán motivo suficiente para no servir al Señor.


Vuelve tu mirada a Jesús, míralo sólo a Él y deja de darle tanta importancia al resto de las cosas que te rodean, y descubrirás que hay razones suficientes para seguir corriendo hasta llegar a la meta.

Despójate de todo peso, no le des lugar a las tentaciones, corre la carrera pacientemente y sobre todo con tu mirada sólo en Jesucristo.

La intención de este ejemplar en formato PDF es que sirva para tu propio uso, o para que lo compartas con amigos que tengan interés.
No debe ser vendido o usado con fines lucrativos.


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